30 de Noviembre del 2011
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La acreditación de Programas de Especialistas Médicos : un resumen del trabajo realizado entre octubre 2009 y octubre 2011

¿Cómo se forma un Médico Especialista?

DR.VICENTE VALDIVIESO DAVILA
Secretario Ejecutivo APICE

Terminados sus estudios de pregrado, el alumno recibe su título de médico-cirujano, que lo habilita para ejercer. En ese momento, su formación teórica y práctica le permite abordar con razonable solvencia el diagnóstico y tratamiento de problemas comunes en pacientes ambulatorios dentro de algunas áreas de la medicina, y la derivación prudente y oportuna de los que conoce, pero no domina.

Para llegar a ser eficiente en una disciplina determinada, el médico recién egresado requiere cursar un programa de especialización: es por lo demás aquello que la mayoría de ellos aspira a realizar.
En nuestro país, doce facultades de medicina ofrecen programas de formación en especialidades primarias. Se denominan así aquellas que se pueden cursar desde el momento en que el alumno recibe su título y asume los deberes y derechos básicos de su profesión.

Al ingresar a un programa de esta naturaleza, el médico-sin dejar de serlo- vuelve a la condición de alumno, pero con una categoría muy diferente a la del estudiante de pregrado; se le conoce internacionalmente como “residente”, tal vez en recuerdo de aquellos que desde los inicios del siglo XX vivieron esta etapa formativa dentro de un hospital.

La trasformación del residente en un especialista eficiente toma al menos tres años. Los métodos de enseñanza y aprendizaje propios de esta etapa son muy diferentes a los del pregrado, e incluso a los de programas de posgrado de otras carreras universitarias. El tiempo dedicado a la enseñanza teórica mediante métodos lectivos de concurrencia multitudinaria constituye una parte menor de los programas. La mayor parte del tiempo se dedica al aprendizaje por medio de la práctica clínica supervisada, siguiendo los principios de la educación de adultos. El rol del docente como trasmisor de información, es reemplazado por la supervisión del trabajo asistencial diario. Las experiencias vividas con los pacientes son determinantes críticas de la calidad de lo aprendido y el docente tiene la responsabilidad de ponerlas reiteradamente al alcance del residente (1). Ellas deben estimular su curiosidad, aumentar su iniciativa personal y permitir la libre expresión de sus ideas. Por sí mismas, estas experiencias se van convirtiendo en conocimientos y habilidades y en un instrumento de comprensión racional que permite, una vez acumulado en la memoria, enfrentar eficientemente en el futuro situaciones parecidas.

El aprendizaje de adultos mediante experiencias supervisadas de aplicación inmediata se funda en estos conceptos. El docente que acompaña y entrega retroalimentación de calidad, es un facilitador del aprendizaje; estimula el pensamiento crítico del residente, quien puede incluso discrepar de sus opiniones y convicciones. Con este método, el aprendizaje se hace inseparable del contexto en que tiene lugar: el análisis del problema del paciente, su diagnóstico y tratamiento. Sin duda que no cabe reemplazarlo por la alternativa de que un paciente ya estudiado por otros sirva de “muestra representativa” y simultánea para un número mayor de residentes y que su caso constituya la introducción de una clase expositiva sobre su enfermedad. Tal proceder reduce al mínimo el valor personal de la experiencia vivida y la posibilidad de que ésta se trasforme en conocimiento inolvidable, obtenido gracias al esfuerzo, la tensión de la incertidumbre y el seguimiento del paciente hasta la resolución de su caso.

Sin duda que el mejor camino para la trasformación de un residente en un especialista bien formado se funda en la estrecha relación entre el alumno, su docente supervisor y el paciente que recurre a ellos. Es un proceso que no admite pasividad: requiere de esfuerzo permanente, honestidad, retroalimentación formativa y evaluación periódica.

Si una facultad de medicina solicita voluntariamente la acreditación de un programa de formación de especialistas ¿Qué variables deben ser analizadas?

1.-Para contar con la cantidad y variedad de pacientes de la especialidad, se requiere de un centro formador de alta demanda y tecnológicamente bien equipado, asociado a la facultad mediante convenios claros y estables.

2.-La administración académica del programa, garantizada por la facultad.

3.-La capacidad docente, tanto cuantitativa como cualitativa, que permita asegurar con razonable certeza la adecuada supervisión del trabajo asistencial de los alumnos que participan en edl programa.
Estas variables determinan el número de residentes que el programa puede recibir anualmente, y que la facultad establece con plena autonomía. Por su parte, la institución acreditadora a la que voluntariamente se ha recurrido, tiene el deber y el derecho de revisar el cupo propuesto por la facultad, aceptarlo o plantear la necesidad de modificarlo y dejar constancia de él en sus acuerdos.. En la experiencia de APICE, los cupos señalados por las facultades en los programas acreditados hasta ahora, han sido concordantes con el criterio de los Consejos Acreditadores de la agencia en más del 90% de los casos.

APICE actúa de acuerdo a la ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior y de los criterios de evaluación promulgados para los postítulos de medicina por la Comisión Nacional de Acreditación, garantizando que las facultades que voluntariamente han recurrido a su juicio cumplen con los estándares de calidad que hemos analizado. Necesitamos especialistas bien formados, que alcancen el nivel de calidad requerido por nuestros pacientes, a quienes en último término van dirigidos nuestros esfuerzos.

Referencias;
1.-Kassirer J. Teaching clinical reasoning: case-based and coached. Acad. Med 2010 – 85 (7); 1118-24.